Fashion Art, el cuerpo como caballete, la ropa como lienzo

La muestra Fashion Art Cuba, del diseñador español Manuel Fernández, inaugurada en el Museo Municipal de Gibara, propone con cada pieza de ropa pintada por un artista visual cubano, rejuegos compositivos donde las imágenes, las iconografías, los sistemas simbólicos de cada autor, comparten su protagonismo con el soporte, que en sí ya resulta un ente significativo, fruto de una mente igualmente creativa como la de Fernández.

El utilitarismo decorativo, accesorio, a que normalmente se reduce la ropa, se ve redimensionado en esta idea, que según su gestor “surgió en el año 1998, porque en ese momento no existía absolutamente nada que uniera el arte y la moda. Y aunque en épocas anteriores sí lo hubo, a través de Picasso, Dalí, Chanel, ya que los diseñadores y los artistas tenían comunicación. Pero llegó un momento en que desapareció esa comunicación”.

“Entonces, hace veinte años, cuando yo les pedía a los artistas que me pintaran un traje, me decían que estaba loco, claro. Pero me tomaban en serio porque, bueno, de alguna manera, yo era un diseñador que estaba desfilando en Nueva York, serio, que tenía una trayectoria importante, y ellos decían: bueno, pues si él lo dice, será verdad. Así llegué a convencer a todos los grandes artistas contemporáneos españoles a que me pintaran los trajes. Una vez pasado eso, hice mi primera exposición, y el primer catálogo. Entonces ya con eso me fue fácil. Cada vez que iba a un país, invitaba a otros artistas a que intervinieran los trajes. Empecé con cincuenta, ya tengo más de 300”.

En Cuba, los diseños de Fernández dialogaron con los variopintos discursos plásticos de Eduardo Abela, Anuca Aisa, Juan Carlos Balseiro, Pepe Barragán, Abraham la Calle, Rafael Canogar, José Manuel Ciria, Gustavo César Hechavarría (Cuty), Kike Garcinuño, Sándor González, Lorena Gutiérrez, Marlen Hernández, Agustín Ibarrola, Ouka Léele, Antono Martorell, Bernardo Medina, Manuel Mendive, Miguel Navarro, Jorge Perugorría, Carlos Quintana, Jorge Rodríguez (R10), Ernesto Rancaño, Rafael Rivera, Rafael Trelles, Gabriel Sánchez, Leticia Sánchez, Esterio Segura, Charles Villeneuve, Simón Zabell, Jesús Zurita. De una manera u otra, todos se enfrentaron a nuevas condiciones para sus personales construcciones de sentidos visuales, ya por el mero hecho de ser estructuras no planimétricas, como por el hecho de contener sentidos autónomos, que influyen decisivamente. Por eso casa pieza es un diálogo, una simbiosis semiótica. Donde el culmen sería el cuerpo humano sobre el cual se “montaría” cada pieza, reconceptualizándolo en tanto “caballete”, en tanto soporte de estas telas, así como elemento significativo. El propio movimiento, el volumen, establece nuevos sistemas sígnicos.

La curaduría de cada región depende de los potenciales y valores artísticos, “porque”, según Fernández, “hay países que son más fuertes según qué tipo de arte, ¿no?. De repente ahora en Paraguay, donde he ido hace tres meses, la parte grafitera era como la más que estaba de moda, donde había más gente innovando, entonces me centré en eso. No hay un patrón fijo. Estudio un poco el país, y veo qué es lo que pasa”.

Pensado ya por su creador como movimiento, cual suerte de deslinde o emanación del Pop Art primigenio —donde las bardas entre el entonces considerado como gran arte y las expresiones de basamento popular, industrial se pulverizaron bajo los influjos de artistas como Warhol y Lichtenstein—, “todo cabe dentro de Fashion Art. Ya estoy preparando proyectos que no son exactamente lo que ves, o sea, colaboraciones más directas con artistas concretos. Aunque la actual línea ya creo que vale por sí misma, voy buscando también otros tipos de intervenciones, pero que también están comprendidas en los límites del concepto de Fashion Art”.

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