Pablo Milanés por Juan Pin Vilar

Pocas veces en el cine Jiba se ha aplaudido tanto la proyección de un documental, incluso pocas veces se ha llenado el cine en días de Festival con una muestra de este género: Pablo Milanés (2016), del realizador Juan Pin Vilar colmó las expectativas del público —que se sentó, incluso, en el pasillo, motivado, además, por la presentación la noche anterior, del cantautor cubano en la Plaza Da Silva—, por ser un documental sencillo y sincero que atrapa, sin cortapisas ni miradas epidérmicas, buena parte de la vida del creador de la ya mítica “Mis 22 años”. El premio a Mejor Largometraje Documental concedido por el Jurado del FIC Gibara 2017 sirvió de colofón a todo este impacto.

La canción es el punto de partida para que el realizador audiovisual Juan Pin Vilar, quien acompañó a Pablo en lo que, hasta ahora, ha sido su última gira por Cuba en 2011, realizara un paneo por la obra del reconocido músico: su infancia, sus inicios en el movimiento del “filin”, Elena Burke y las noches habaneras, la nueva trova, los días en la UMAP, las utopías y sus encuentros y desencuentros… mediante logrados testimonios, uno de los mayores aportes de un documental hermoso, y bien logrado, y por tanto, además, valioso y necesario en la comprensión de parte de la historia nacional, muchas veces escamoteada e incomprendida…

Vemos al propio Pablo —protagonista fundacional de una renovación en la canción cubana que tiene sus bases en el “filin” y se expande hacia la Nueva Trova— contar sus experiencias en los primeros años del triunfo del proceso revolucionario cubano, como pocas veces se ha visto frente a cámara. Además, Pin Vilar retrata a la persona y al músico mediante logrados testimonios, también evidencias de una época, de artistas e intelectuales como Reynaldo González, Nancy Morejón, Bobby Carcassés, Guillermo Rodríguez Rivera, Rember Egues, Omara Portuondo, Marta Valdés, Eduardo Ramos, Rey Montesinos, Sergio Vitier, Jorge Perugorría, Leo Brower, Luis Alberto García, Miriam Ramos…

Ellos hablan del Pablo que conocen, del hombre sencillo, fruto de una época y sus contradicciones, del ser humano que supo enfrentarse a todas las adversidades y seguir creando, incluso en los momentos más complejos, aquellos en los que Elena Burke seguía cantando sus canciones a viva voz mientras Pablo ganaba una suerte de anonimato peligroso… Esos “tópicos que, hasta ahora, nos eran velados”, como asegura la nota promocional. Pero también, insisto, hablan de Cuba y sus contornos, de una época y sus múltiples diatribas, de la sobrevivencia del arte a toda prueba y la fe, la suya, la de Pablo, en la existencia humana…

De eso nos habla ese documental de Pin Vilar, con guion del propio realizador, producción de Ricardo Figueredo, fotografía de Raúl Prado y edición de Maryulis Alfonso. Por eso, además, es necesario el reencuentro, por ambos: Pablo, el músico, cuya obra es parte tutelar del sentimiento colectivo de la Nación cubana, y Pablo Milanés, el documental. Ambos demuestran que la mayor libertad posible para un intelectual es expresarse con absoluta libertad en cualquier momento y ser, sobre todo, fiel a su arte.

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