Sergio Benvenuto Solás: “un nuevo Cine Pobre, cada día más emancipado, pulido y auténtico rediseña el Nuevo Cine Cubano”

La familia Solás, recibe en este nuevo Festival Internacional de Cine de Gibara, un Lucía de honor. Este premio significa que “reconocemos y nos declaramos herederos de la obra del Festival de Cine Pobre de Humberto Solás. O sea, prácticamente el Festival Internacional de Cine de Gibara es una continuidad de la obra de Humberto. Nosotros, como Humberto, creemos en la fuerza y el poder transformador del arte, y lo que ha significado este festival de cine para los gibareños”, expresó en conferencia de prensa, el presidente del evento, Jorge Perugorría.

Sobre Cine Pobre como idea, concepto e incluso evento, habla en esta entrevista Sergio Benvenuto Solás.

¿Qué significa para ti personalmente volver a Gibara en esta edición?

Cuando se habla de la obra de Humberto Solás, a partir de 2008 mis hermanos, Aldo y Luis Carlos Benvenuto Solás, yo, y nuestra madre Elia Solás, — fallecida hace un año, y que fue la cabeza desde 2008 a 2016— tenemos una responsabilidad moral que nos obliga a cuidar celosamente cada paso. En Gibara fuimos los cofundadores y creadores junto a Humberto del proyecto “Cine Pobre Humberto Solás”, hoy afortunadamente entendido por muchos como el proyecto cinematográfico, multicultural y comunitario acontecido justamente en la década entre 2001-2011.

Desde hace 6 años no visitamos Gibara —aun cuando en 2016 la Familia Solás apoyó públicamente la designación de Jorge Perugorría al frente del Festival— es la renovada forma de 2017 y el retorno del certamen a una anualidad, que considero indispensable para su resurgimiento, lo que nos exige aportar con nuestra presencia un modesto apoyo moral a los gibareños, a Pichi y al resto de los organizadores en la nueva apuesta cinematográfica.

El nuevo Festival Internacional del Cine de Gibara preserva muchos de los valores inmateriales creados a los inicios del siglo XXI por el Cine Pobre en la Comunidad.

Cine Pobre es un concepto que ha generado y genera, impactos, debates, ¿cómo lo ves tú hoy?

La vigencia de las ideas fundacionales en lo conceptual se ha trasladado paulatinamente a la realidad del cine cubano, pues un nuevo Cine Pobre, cada día más emancipado, pulido y auténtico rediseña el Nuevo Cine Cubano de esta segunda década del siglo y lo hace en perfecta sintonía con el cine independiente contemporáneo. El cine holgado de fondos es excepcional en Cuba; por ello creo útil fomentar desde los foros de los certámenes nacionales – y en otros muchos espacios— las estrategias que puedan y deban ser implementadas para fomentar la profesionalidad, legalidad y protección de este importante ámbito cultural.

Los cineastas cubanos —y muchos en otras naciones— rediseñan con su quehacer diario una industria del siglo XX, a veces obsoleta, creando una nueva sub-industria mucho más fresca en pequeña y mediana escala; donde se incluyen en el caso cubano no solo valiosas estrategias productivas internacionalmente probadas, sino acciones propias muy originales y propositivas que van encaminadas a la obtención de financiación, la distribución, la difusión en la cadena de festivales y algo esencial: el reembolso de fondos, lo que a mi juicio requiere ágiles acciones institucionales para poder promover desde las mismas el deseado resurgir del Cine Nacional, que ha sido y deberá volver a ser en los próximos años orgullo y patrimonio altísimo de nuestra nación.

¿Las etiquetas en el cine, más allá de ser útil a críticos o estudiosos, crees que en algún momento puedan atentar contra el mismo?

Creo firmemente en la importancia de la protección de múltiples espacios teóricos y reflexivos, y de la articulación de estos con el cuerpo teórico que acompañe a la industria del cine. La confrontación de científicos, teóricos de las ciencias sociales, cineastas y artistas en general, provocada desde un certamen multicultural y cinematográfico, tiene claros antecedentes en el pensamiento polifacético de un cineasta como lo fue Humberto Solás.

Dos meses después de su muerte inaugurábamos un segundo evento paralelo al de Gibara, la “Muestra Temática del Cine Pobre Humberto Solás” que tuvo tres exitosas ediciones entre 2008, 2009 y 2010.  En sus palabras, escritas en junio de 2008 para un evento al que no alcanzó a asistir, Solás expresaba: “Confieso que vengo a Cienfuegos a aprender, llevado de la mano de insignes expertos en las materias que abordan los problemas de sociedad y género. Creo que ese será el espíritu de mis colegas que participen”. De esta manera hacía su llamado con humildad a los cineastas y especialistas del medio audiovisual, para que su trabajo también fuese colocado en manos de científicos y expertos de las ciencias sociales. Esta era y es, la estrategia que definió y define a Cine Pobre Humberto Solás (2001-2011). Es preciso rescatar el enorme potencial de contenidos patrimoniales, textos escritos, creados en esa primera década del siglo XXI por el proyecto.

Un festival de corte interactivo como lo definiera Solás, ¿qué retos imponen a nivel de curaduría cinematográfica?

Un festival como el de Gibara requiere mucho trabajo organizativo y esfuerzo logístico, pero hay un trabajo intelectual y conceptual muy fuerte que a cualquier festival —abundan los eventos puramente superficiales o comerciales— cada año debe hacerle replantearse sus objetivos y los nuevos desafíos temáticos.

El equipo de organizadores de todo certamen está obligado a retroalimentarse del contexto cinematográfico internacional y a captar sus nuevos retos. Es un proceso continuo de diálogo con el cine y sus creadores.

Desde mi punto de vista es muy importante acompañar cada evento de sólidos foros teóricos y de una selección muy estricta de temas y ponentes. Ello propicia esta retroalimentación.

Vas como presidente del jurado de Cine en Construcción Humberto Solás a la Mejor obra de Cine Pobre, esta categoría intenta ser un fomento al cine y un homenaje directo a Humberto, ¿cuánto crees que sirva este apartado para ver el cine como un arte procesual, de colectivo?

En mi experiencia de casi una década como director del Festival del Cine Pobre— particularmente en la concreción de un proyecto cultural audiovisual de envergadura comunitaria e impacto internacional— quizás por mi formación de ingeniero que se educa en una familia de profesionales de las letras y el arte, asumí que mi misión en Cine Pobre era convertir en hechos las ideas que surgían de una figura como Humberto Solás. Otorgué mucha importancia a crear espacios importantes de autogestión. Y esto de manera especial con respecto a la funcionalidad financiera del proyecto, creándose con ello una relativa autonomía, pero que fue totalmente novedosa para entonces.

Presidir este jurado de Cine en Construcción, que lleva el nombre de Humberto y que apoyará a la mejor apuesta de Cine Pobre, me da mucha satisfacción y lo considero un honor y una gran responsabilidad.

Por otra parte, me parece un punto de conexión conceptual con “Cine Pobre Humberto Solás” que el nuevo festival debe proteger celosamente, e incluso fortalecer en próximas ediciones a través de espacios de diálogos y debate que acompañen al certamen que resurge con un perfil más abierto en Gibara.

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